Novela

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Las cartas de Nicia (Quinta entrega, del capítulo 41 al 45, fin de la primera parte)

24/04/2026 - Jordi Rueda Mateu / Las cartas de Nicia

Nic final araceli'Cabellos castaños'. © Jordi Rueda y Toni Vives.

Las cartas de Nicia

la de los cabellos castaños

Jordi Rueda Mateu

Del capítulo 41 al 45

Final de la primera parte

(Véanse los capítulos anteriores, del 1 al 14, del 15 al 26, del 27 al 33, del 34 al 40)

XLI

La risa de Araceli  

Sábado, Me he levantado pronto, a las siete y media y, tras lavarme la cara, cepillarme los dientes y desayunar me he puesto a dibujar. Las copas de los árboles han crecido mucho esta primavera y han echado tantas hojas que parece que quieran entrar por mi ventana. Este año, en otoño, toca podarlos, me ha dicho Rosa.

La he llamado para mostrarle como luce el verde oscuro del lledoner que contrasta con el más claro del plátano de sombra de la acera de enfrente. He dejado de dibujar y me he puerto a hablar con Rosa. Estamos las dos solas, papá y mamá se han ido a Caldetes, con la iaia. Estos párrafos son de mi diario, el que voy escribiendo de vez en cuando, aunque le llame diario. 

Querido Carlos: te iba a escribir después. Tengo ganas de hablarte de Araceli. Hoy en día es nuestra asistenta, pero hace años vivía con nosotros en el paseo de Sant Joan, como sirvienta interna. Esta mañana Rosa y yo hemos hablado de aquellos momentos de nuestra vida, que ella alegró. La de Araceli era la única risa que se oía en casa hace unos años. Cuando a mi padre los negocios le fueron mal. 

Con la reorganización económica ya sabes que cambiamos de piso y que cayeron los estudios de mi hermana (será cosa temporal, le dijeron, siempre lo recuerda) y también cayó la ayuda para mi madre que suponía la muchacha. Unos meses después la repescamos como asistenta unos días por semana. Se había ido a vivir a casa de unos parientes de Frías de Albarracín, que le cedieron una habitación. A su vuelta, venía por las mañanas dos o tres días por semana, casi no lo recuerdo porque yo era una cría. 

“Mamá sufría mucho pensando que iba a tener que decir que ya no teníamos minyona. Le dolía mucho más eso que verme a mí dejando de estudiar para trabajar con mi padre en la correduría de seguros. Esa era, la única fuente de ingresos sólida que nos quedó”, me decía hoy Rosa. 

Yo solo recuerdo que en casa dejaron todos de reír, y solo cuando Araceli volvió yo pude reír con alguien. Las dos, Araceli y yo, reíamos a carcajadas. Después se sumaba Rosa, que es unos años mayor que yo, pero es más joven que Araceli, que en esa época contaba que iba a bailar muchos jueves y muchos domingos. Tenía un pretendiente que conoció en La Papallona de Sants, que le gustaba, pero “no del todo. No sé si solo busca lo que buscan casi todos y como yo no se lo doy dice que quiere casarse conmigo, a ver si así caigo”.   

Araceli se fue a buscar otros aires y otros chicos a otros bailes. 

Nos contaba que los jueves iba a la Gavina Azul, de la avenida Mistral, y los domingos a Els Teixidors, de Gracia, aunque cuando llegaba el buen tiempo le encantaba ir al Casinet de Vilapicina, que tenía un jardín donde tocaba una orquestina y se bailaba. 

Un día, cuando yo no había cumplido los 15, le pedimos que alguna vez nos llevara con ella. Mi hermana sentía curiosidad, aunque no era de ese tipo de bailes, ella era seguidora de grupos como Los Mustang, Los Jóvenes, Los Salvajes o Los Gatos Negros, como a mi ahora me gustan Los No, Els Dracs o Los Kifers. Juramos que de ninguna manera se enterarían nuestros padres y yo le pedí a mi hermana sus potingues de la cara y me vestí de dieciochoañera. "No pases apuro, Helena, me dijo Araceli, con las chicas, los de la entrada hacen la vista gorda, con los chicos, no. Iremos a La Pérgola que los jueves no cobran entrada a las señoritas”.  

La verdad es que no me gustó mucho. Todos los hombres me parecieron muy mayores. El jueves es el día de las chachas y se les notaba ansiedad por las robustas… Pero me lo pasé bien cuando el cantante Dodó Escolá nos miró y nos dedicó esa canción que dice “Qué feliz es el pez en el agua… qué feliz, qué feliz, qué feliz”. 

Cuando salí pensaba que no era un lugar para volver, pero, ya ves, unos años después cuando salimos en pandilla nos gusta también ir a La Pérgola, donde, por cierto, estabas tú aquel día de enero, bastante perdido. Yo no había hablado nunca contigo, pero te había visto despachando un par de veces con mi padre, y te sonreí. Creo que te pusiste colorado.  

Volvimos de vez en cuando a esos locales. ¡Araceli, te ha salido hoy un novio!, bromeábamos. 

Y sí, así fue, pero Araceli solo le dio la categoría de pretendiente. A Rosa también, alguno, en el Casinet de Vilapicina, al que fuimos porque estaba lejos de casa pensando que allí era más difícil que nos viera algún vecino, ¡ay, qué ingenuas!, el señor Alonso, el sastre del principal de la escalera de al lado, el que tiene esa mujer tan hermosa, allí estaba solo, a ver qué pescaba. 

Ahora, Araceli, que ya se acerca a los 30, está por formalizar una relación con un chico que conoció en el Bahía, de Sants, hace unos años. Lo ha ido toreando, pero sin dejarle marchar del todo y ahora cree que puede seguir en serio con él. 

En casa fue un alivio cuando la cosa económica mejoró un poco y Araceli ya pudo venir cinco días por semana, de 8 de la mañana a 5 de la tarde, sin quedarse a dormir, como cuando yo era pequeña. Ya habíamos destinado su posible habitación, la de la entrada, a un espacio para mamá y su mesa camilla y donde a veces despacha mi padre con visitas que no van a la oficina. Allí te serví café el día que venías para darle unas pruebas y un presupuesto de imprenta y yo te hice esperar… 

Araceli sigue en casa de sus parientes de Frías de Albarracín, un pueblo de Teruel, cercano al nacimiento del Río Tajo, tierras de clima seco y duro, dice ella, que es de un pueblo cercano. Araceli es generosa y un día nos trajo un jamón, riquísimo, gracias al buen precio que obtiene por otro pariente que trabaja en un secadero. Pero lo que más me gusta de ella es escuchar su risa, que nos contagia, incluso a mamá. 

Con ella en casa, reímos todos los días. Es hermoso. Como ya te dije, esta tarde iremos al teatro y a bailar después.  

Espero que hagas algo positivo, además de ir a los billares, y que te diviertas… 

Nicia, la que ama la risa. 

XLII 

Aventuras y locuras 

Querido Carlos:,

Rosa dice que a veces tiene ganas de marchar lejos de Barcelona, aunque, por responsabilidad, no lo hará hasta tener el título de profesora mercantil. Quería llegar a ser intendente, pero esos dos cursos que perdió a causa del trabajo para ayudar a mi padre y a la familia son un lastre muy grande. 

Yo le he dicho que Barcelona tiene casi todo lo que pueda buscar fuera de ella y que es una ciudad maravillosa para hacer locuras. 

Se ha sonreído y me ha mirado con una mezcla de amargura y de complicidad. Ayer me preguntó por ti (…)  Hoy, después de discutir un ratito sobre las locuras que podríamos hacer en Barcelona, que son bastantes, ha ido a su habitación y me ha traído una caja de píldoras anticonceptivas. No te fíes de las gomas ni de la marcha atrás. Guárdalas donde no las pueda ver la mamá. 

Ante mi cara de simulada sorpresa —¿cómo sabes…? —Se te ve muy feliz desde hace unas semanas. Las locuras serán muy buenas… pero si te quedas embarazada te complicarás la vida y ese muchacho (se refería a ti) no parece tener recursos, por ahora, para solventar un contratiempo de esa envergadura. 

A Edu, además, aunque fuera el padre, o lo creyera, no le gustaría afrontar algo así antes de estar casados… A mamá le daría un síncope y de papá prefiero no hablar. 

Nicia, la que tiene una hermana cómplice. 

XLIII

Una canción

Querido Carlos: 

Te lo empecé a contar hace unos días. Nuestra amiga Iluminada coordinó la actuación de unos músicos que había organizado la monja con la que colabora. Cuando llegó el día me pidió que la acompañara y así lo hice. Eso lo sabes ya. Pero no te dije que después del pequeño concierto, la hermana agasajó a los músicos con un piscolabis. Nosotras también nos quedamos y después de hablar un ratito con ellos, entre refresco y refresco, a mí no se me ocurrió otra cosa que decir que tenía un amigo que escribía poemas que me parecían muy musicales y que yo también hacía mis pinitos escribiendo. Me preguntaron por los textos y les recité 'Cabellos castaños'. Uno de los músicos me dijo que podía ser una bonita canción: tomó un lápiz y un papel y anotó todos los versos que yo le iba dictando. Entre estrofa y estrofa, él silbaba.  

"Tiene una cadencia melodiosa y desenfadada", dijo. "Cuando la tenga, te llamo", añadió. Me sonrojé un poco. Iluminada me miró y me dio un vaso de trinaranjus

Hace varias semanas de esto, y casi no me acordaba de esa tarde, pero, ay, sorpresa, el otro día me llamó el músico y me cantó la canción por teléfono. Es muy bonita y alegre. La tocarán en el 'Show de las 2' de Mario Beut en Radio Barcelona. Me ha dicho que vaya a verlos, que actúan cara al público, en el estudio Toresky, y que me dará una copia de la partitura. "Si tienes más poemas que te parezcan adecuados puedes enseñármelos y quizá musicalizaré alguno más", remató. 

He pensado en llevar aquel tan erótico que te escribí, 'Ya no somos dos', o el tuyo 'Tu figura leve silenciosa', si me autorizas. 

Un beso 

Nicia, la de los bellos cabellos. 

XLIV 

23 de julio 

Carlitos: 

Este día 23 cumplo los 22. ¡22 años! ¡Cuánto me gustaría cumplir 25 para ser mayor de edad legalmente!  

El 23 cae en martes y Edu no estará, pero en casa quieren que lo celebremos. Siempre nos hemos agasajado en los cumpleaños, pero como yo los cumplo en pleno verano, coincidiendo con viajecitos o vacaciones, algunas veces el mío nos lo hemos saltado y este año quieren resarcirme, o resarcirse ellos. Les he dicho que quiero una tarta de cerezas. 

Con Edu lo celebraré el sábado 20, o, si insiste, con sus padres, el domingo 21. El 28 ya estarán en la casa que tienen en el Ampurdán y el permiso de ese fin de semana Edu lo pasará con ellos, ya que el C.I.R. donde termina sus milicias universitarias, está cerca. Quieren que vaya yo también y que me quede unos días con ellos. De momento no les he dicho ni que sí ni que no. 

Sí, Carlos, no te calientes la sangre. No me olvido de celebrarlo contigo. Tú pasaste a los 18 conmigo y yo estoy obligada al menos a brindar contigo por mis 22. ¿Quieres que nos veamos por el centro este jueves o este viernes? ¿Te va bien? Ya sabes que estoy bastante pillada de tiempo. 

Me gustaría que nos tomáramos una horchata mirándonos a los ojos. ¿Te parece el viernes a las 5 y media en La Valenciana, de Aribau con Gran Vía? 

A las 5 tengo que pasar por la Librería Bosh, de la Ronda Universidad y Balmes, a recoger un encargo. 

Con estos calores me apetece la horchata, auténtica horchata de chufas de Alboraya, y nunca hemos tomado ninguna los dos juntos. Será una deliciosa novedad.  

¿Te hace el viernes? ¡Sí que sí! Así serás la primera persona con la que celebraré los 22. 

Te llamaré este miércoles para confirmarlo. Después quizá pasaremos algunas semanas sin vernos, aunque encontraré algún momento para escribirte.                            

Nicia, la que cumple.

XLV 

No estamos solos 

Querido y dulce amigo: 

Debemos darnos un tiempo, hacer un paréntesis. Los últimos días han sido fantásticos. Hemos vivido momentos de gran felicidad, nuestros simples paseos por calles poco frecuentadas, hablando de la vida y de los cambios sociales, de lo que ha ocurrido en Francia, de la guerra del Vietnam, de la mierda de existencia a que estamos obligados en España, de los fachas, de los pequeñoburgueses y de los obreros aburguesados que afianzan al régimen y lastran la evolución social, según tu radical parecer… No les odies, por favor, ni a ellos ni a nadie, todos somos aspirantes a burgueses, pequeños o grandes, porque todos aspiramos a vivir bien y algunos, como tú, aspiran a que la mayoría de la gente viva bien, sin egoísmos. Yo también quiero eso, pero sin malograr mi vida en pos de lejanas utopías. Tú sí. Y eres mucho más constante en eso de lo que yo había inferido al oírte hablar de la necesidad de cambios sociales. 

Hemos conversado largamente tras celebrar mi cumpleaños, como no lo habíamos hecho en este invierno pasado ¡tan intenso! cuando el mundo terminaba en ti y en mí. Ni en la primavera, en la que se nos han materializado tantos delirios de felicidad.   

Ahora, cuando nos hemos puesto a comentar lo que nos rodea, nos damos cuenta de que no coincidimos en incontables cosas; eso es así, o así yo lo creo, porque a los dos nos falta evolucionar. Algún día, no obstante, estaremos, al fin, de acuerdo. O eso estamos obligados a esperar, sin prisas. 

En nuestra relación, que ha sido tan grata, debemos moderarnos. Ambos tenemos familias. Tú también estás pendiente de tus padres. Dependes de ellos, pues, aunque tienes dinero suficiente para tus cosas, no podrías vivir fuera de tu casa. No tienes recursos. Tampoco te hacen falta ahora, a los 18 años. Cuando vayas a cumplir 24, como cumplí yo 22 hace unos días, el 23 de julio, ya tendrás todo eso de la economía cotidiana encarrilado, seguro que sí. 

Y yo debo determinar qué hacer de mí misma. Lo nuestro ha sido y es todavía maravilloso, pero la vida requiere sentido práctico además de pasión. Tú tienes ambas cosas, y que las domines será cuestión de tiempo, nada más. 

Yo estoy obligada a afianzarme. Pintar, estudiar y, como estaba previsto, encauzar mi estado civil. ¿Me apetece casarme? No mucho, la verdad. Hace unos meses me ilusionaba enormemente, pero algo me interrumpió. Ya sabes qué fue. 

Estas últimas semanas, aprovechando sus permisos, he hablado también con Edu. Y he recordado, con sus atenciones y sus educadas propuestas, que también le quiero. En realidad, nunca te lo he ocultado, le quiero mucho, aunque sin la pasión que ahora sé que soy capaz de sentir y que antes desconocía. Él, por su parte, ha empezado a disipar las dudas sobre su sexualidad que me habían asaltado, tal vez porque estaba viviendo contigo una pasión inigualable. No te duela que tú y yo, juntos, no tengamos futuro. Lo sabíamos desde un principio, pero no nos conformábamos y soñábamos que podíamos esperar un tiempo de cerezas indefinido, imposible. Las de este año empezarán pronto a escasear. Lo que hemos compartido ha sido mayúsculo, pero debe acabarse en su punto de sazón, para que siempre gocemos de lo que ha dejado dentro de cada uno, en lo más profundo. Yo te seguiré queriendo y espero que tú no te olvides de mí. 

Íbamos a ir de vinos uno de estos días, con Ilu, los tres. Yo no iré. Ve tu con ella y yo le diré que tengo que ver a Edu, que llega de permiso. Pásalo bien, pasároslo bien los dos.  

Si seguís saliendo juntos quizá nos veamos algún día. Si eso ocurre, dará lugar a otra manera de sentir cariño. Pero ahora, querido, se acaba nuestro tiempo de cerezas. No te sientas dolido, porque no estás solo. Yo tampoco.  

Hasta siempre 

Helena, la que fue Nicia de enero a julio de 1968 

“Pero es muy breve el tiempo de las cerezas, / joyas de coral, frutos de ilusión.  

Cuando llegue el tiempo de las cerezas, / quien tema sufrir de penas de amor / evitará a las bellas. 

A mí no me asustan las penas crueles / y antes de morir sabré qué es dolor. 

Cuando llegue el tiempo de las cerezas, / todos sentiremos las penas de amor.  

Yo amaré siempre el tiempo de las cerezas”. 

—Jean-Baptiste Clément (1866) 

‘Le temps des cerises’ es una célebre chanson con letra de Jean-Baptiste Clément (1866) y música de Antoine Renard (1868), que el letrista dedicó a una enfermera que murió en la Semana Sangrienta de 1871, cuando el ejército del Gobierno francés acabó sin piedad con la Comuna de París (activa del 18 de marzo al 28 de mayo).

Ojalá que algún día releas las Cartas de Nicia. Tus emociones volverán a ser mías.

Helena  

FIN DE LA PRIMERA PARTE

 

Personajes de la primera parte

Helena, hija de Lorenzo Casas Estany y de Carmen Pratdellorers Urpí.

 Carlos, hijo de Ciscu Maldau Abengoa y de Eulalia Ribot Casadesús. 

Rosa, hermana de Helena.  

Eduardo, hijo de Manuel Castañer Oret y de Teresa Casals Esteve. 

Iluminada, hija de Rafael Cantos Frías y de María Ramírez Dedeu. 

Araceli, asistenta de la familia Casas 

Maica, alumna de la Escuela de Altos Estudios Empresariales, como Rosa. 

 

 

 
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