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Las cartas de Nicia. (Primera entrega de la segunda parte, capítulos 1 al 12)

21/08/2026 - Jordi Rueda Mateu / Las cartas de Nicia

Las cartas de Nicia. Segunda parte, del capítulo 1 al 12)''Esos campos llanos me inspiran. Me gusta recrearme en la contemplación de los arrozales''.

Las cartas de Nicia

la de los cabellos castaños

(segunda parte)

Jordi Rueda Mateu

BAILAR Y VIVIR

I

Finales de agosto 

Estimado Carlos: 

¿Qué tal has pasado agosto? Ojalá que hayas aprovechado para perfilar alguno de tus planes, esos que en meses anteriores dejaste un poco abandonados. 

La lucha por el futuro es siempre individual. Aun para edificarlo junto a otras personas, somos cada uno de nosotros los que ponemos los ladrillos y tratamos de encontrar la argamasa con que unirlos.  

En la sociedad actual, la familia es básica, pero quizá algún día el individuo adquiera mayor relieve, al menos en lo que a las mujeres nos toca, que es lo que a mí me toca. 

Estoy pasando el final de agosto en Caldetes, con mi abuela, para atenderla en las dos semanas en que mis padres han aprovechado para viajar. Han ido a las Rías Altas de Galicia. Aún siguen por allí. Llegan esta semana.  

Mi iaia me invitó un día a comer en el Restaurante Pósito del puerto de Arenys de Mar: “Así diremos a tus papás que no han sido los únicos que han comido buenos pescados y mariscos este verano —me dijo. Nuestro menú se compuso de almejas, espardenyes de mar (esos bichos, según mi iaia, no se conocen en el Cantábrico ni en el Atlántico) y un suquet de rape. Las almejas y las espardenyes las tomamos a la plancha. Bebimos agua y vino de la casa. Todo delicioso. 

Bueno, ¡qué introducción más larga! En realidad, reflexiones y parte gastronómica aparte, lo que quería era saludarte y saber que estás bien, aunque imagino que sí. Para mí ha sido muy duro dejar de verte y de comunicarme contigo. 

Me he escrito algunas cartas y me he enviado una tarjeta postal desde aquí. Desde Caldetes, a Barcelona. Cuando llegue a casa, veré mi postal con ilusión. Las cartas me las he guardado en la bolsa de viaje y algún día de algún año venidero quizá las abra, porque cuando las termino las pongo en un sobre que cierro. Lo hago como si fuera un rito. Pero no es lo mismo que escribirte a ti. Sabes bien que me agradaba y me satisfacía como pocas cosas. Escribirte se había convertido en un ejercicio provechoso. Y solo pintar me ha deleitado tanto. 

Quería proponerte que nos veamos un rato, si tienes alguno libre, la semana próxima. Todavía es tiempo de horchatas. Podríamos ir a Sirvent, en la calle Parlament, y charlar después, si nos quedan ganas de hacerlo, en algún bar de la zona. Sé que te desairé al despedirme de ti con la carta en que te indicaba que debíamos hacer un paréntesis. Me gustaría quitarte el mal sabor que pudiera haberte dejado y contarte, además, cómo me van las cosas. No serán confesiones como otras veces. Ni explicaciones, que ya conoces, pero sí algunos detalles que quizá te ayuden a comprender mejor mi decisión. También quisiera saber cómo te ha afectado a ti nuestro corte.  

Y, por qué no decírtelo, verte, que será lo más importante.  

Desde enero, cuando empezamos nuestra aventura compartida, nunca habíamos pasado un mes (cinco semanas, se cumplirán pasado mañana) sin tener contacto alguno. Creo que a ti todo eso te habrá descorazonado tanto como a mí. ¿Le ponemos remedio? ¿Un parche, al menos, para que no duela tanto? 

Te llamaré para saber si aceptas mi invitación. Ah, yo pagaré las horchatas. No me he gastado ni un céntimo del dinero que gané con mi suplencia en la correduría de seguros en julio y en la primera semana de agosto. Así que soy un poco rica. 

Con afecto 

Helena Casas 

II 

La llamada 

Querido Carlos: 

Gracias por atender mi llamada y escucharme. Y por hablarme. He sido muy feliz cuando tu frialdad inicial se ha desvanecido y te has vuelto a mostrar cariñoso, a pesar de que entiendo que algunas cosas que te he contado, o que sabes, no son de tu agrado. 

Espero que oír mi voz sí lo haya sido y que no me hayas alabado para quedar bien. Sé que no, querido, te conozco. Gracias, otra vez. 

No me he podido extender, porque mi iaia, cuando llevábamos un ratito conversando, me ha dicho: “Nena, si estás telefoneando a Barcelona, recuerda que es conferencia”, y he preferido abreviar la charla. Lo más importante, sin embargo, es que nos veremos la semana que viene. El lunes, día 2, a las 17.00 horas. ¿Lo tienes anotado? Te lo recuerdo, por si acaso. 

Te explicaré todo lo que quieras —si lo deseas— personalmente, pero te avanzo que tengo una novedad trascendental para mí. Me han señalado las fechas en que podré realizar mi exposición de acuarelas: las dos últimas semanas de noviembre. La galería no es de las famosas, ocupa una sala de unos almacenes y es más bien comercial. Está en el paseo de Gracia. Se quedarán el 50 por ciento de las ventas, pero, por primera vez, podré mostrar mi obra al público. Veintiocho acuarelas, la mayoría de tamaño medio y algunas pequeñas. Ya sabes que en mi cuarto el espacio no me da para grandes lienzos. Cuando tenga un estudio, ojalá sea así algún día, tendré obra con más variedad de tamaños. 

Eso también alterará la elección del día de mi boda con Edu, que termina sus milicias en unos días y tiene que volver a Zaragoza a completar su parte del trabajo que ha venido haciendo estos meses atrás y a traspasárselo a quien lo continúe. En octubre empezará a trabajar en Barcelona y sus padres querían que nos casáramos el 24 de noviembre y que tuviéramos 10 días de luna de miel en París, para la que nos darían el dinero necesario. Eso siempre que en el nuevo empleo se lo aceptasen, claro. 

Estuve con ellos en su casa del Ampurdán, cerca de Pals. Esos campos llanos me inspiran. Me gustaba recrearme en la contemplación de los arrozales. Recordaba la sardana 'L’Empordà', ¿la conoces? “Cap a la part del Pirineu, vora els serrats i arran del mar, s’obre la plana riallera, n’es l’Empordà”

Edu se escapaba algún día del C.I.R. (que quiere decir Campamento de Instrucción de Reclutas, ahora, por fin, lo sé), para estar conmigo. Se ha vuelto muy cariñoso. Quizá yo también. Pero me ha pasado una cosa... 

Una noche en que sus padres fueron a cenar con otros amigos a Palafrugell, nos quedamos solos y empezamos a sobarnos. Esa noche, entre apretujón y apretujón, me di cuenta de que hubo un momento en que exclamé: ¡Carlos, Carlos!, dos veces. No sé si me entendió. Por suerte no te conoce. En fin, cariño, son los inconvenientes que causa desear intensamente a una persona que no está contigo. Debes saber que no te he olvidado ni un solo día ni una sola noche. 

Te he soñado dormida y despierta. He volado contigo entre las nubes sonrosadas y de color melocotón que a veces bajan del Pirineo. He cabalgado sobre ti en los días ventosos, he sentido cómo juntos desafiábamos a la tramontana, abrazándonos. Cuando el viento cambiaba a levante y se olía a mar, soñaba en mordisquear tu cara y tu cuello salados… Mi imaginación, cuando apareces en ella, es incontenible.  

Con todo esto no intento pedirte que reemprendamos nada. Te lo cuento porque no me lo puedo callar. Y solo a ti te lo puedo contar. 

¿Has oído ese bolero cubano que se titula 'Inolvidable'? ¿Lo recuerdas? Dice que “En la vida hay amores que nunca pueden olvidarse, imborrables momentos que siempre guarda el corazón”. Habla de los amores que un día nos hicieron “temblar de alegría” y que “inolvidablemente vivirán en mí, vivirán en mí”. Lo conoces, ¿verdad? Pues yo he vivido uno de esos amores inolvidables. Y lo he vivido contigo. 

Hasta el lunes, querido. No soy capaz de seguir escribiendo. 

Nos vemos el lunes. T. Q. 

Helena 

III

Gambas, sardinas y contradicciones  

Querido Carlos: 

En nuestra conversación telefónica de esta mañana me hablabas de tus esfuerzos para no pensar mucho en mí y yo te he confesado que, ante el dolor de tu ausencia, me he abandonado en la parte de ti que ha quedado para siempre en mí, dentro de mí. A menudo, contemplaba los campos de arroz de Pals y los señalaba como si quisiera que tú los vieras como yo los veía… y no puedo evitar mirar algo bello y empezar a pintarlo en mi cabeza. Y contigo: tus ojos se iban del paisaje que yo te señalaba a mi cartulina llena de colores. Y te veía sonriente, como siempre que te he enseñado alguna de mis acuarelas. 

Los domingos, la señora Castañer, mi futura suegra, preparaba unos platillos que precedían al plato principal: suquet de rascassa o rape guisado o pollo de corral, todo de lujo. Los platillos eran para que los compartiéramos… unos amigos de la vecindad, no siempre los mismos, los señores Castañer, el alférez Castañer y yo… Cuando había invitados, había también gambas. Ellos las saben pelar con una gran precisión y yo… he aprendido. En mi casa no solemos comer más gambas que las que adornan alguna paella marinera los sábados de primavera o verano, y, si no hay invitados, nos las zampamos quitándoles la cáscara con los dedos.  

Esas semanas parece que las gambas estaban bien de precio. Las compraban a un pescador de Palamós que pasaba por la casa. Y, ay, he tenido que hacer un curso rápido de pelarlas bien con los cubiertos… Ahora ya voy muy deprisa. Como me veían muy concentrada… me preguntaban. Quizá también porque el primer día que hubo gambas para comer, arrugué la nariz y di a entender que no me gustaban… y es la verdad, no me gusta el olor a gambas ni a pescado en general. Tú ya lo sabes desde el primer día en que salimos y fuimos a aquella tasca de la calle de la Merced y te aseguré que detestaba las sardinas… mientras te decía que pidiéramos más. Solo tú conoces un poco mis contradicciones. Y yo también, porque vivo con ellas… El caso es que al verme tan entregada a desnudar gambas y, a la vez, con la mirada un poco perdida, como si hubiera un mar delante… me preguntaban… Ah, respondía, es que se me hace la boca agua con solo empezar a pelarlas, las gambas de Palamós no son como las del Mercado de la Travessera, donde creo que las compra  nuestra muchacha… Alguna vez mi madre le ha dicho que busque en otra parada… Y todos me miraban con esa tolerancia de gente próxima que te quiere o que trata de quererte o que finge que te quiere…  

¿Y sabes? ¡Yo pensaba en ti, en colocarte la cola de la gamba bien peladita en tu boquita golosa! Y tenía un poco de apuro, ¿los invitados pueden adivinar los pensamientos de los demás comensales? Creo que me sonrojaba, incluso. Pero volvía a pensar en ti y en tu boca y se me pasaba el apuro. Sonreía con dulce pose de chica modosita y les decía pienso en el mar y en el duro faenar de los pescadores

Helena, la que piensa en el mar. 

IV

La minifalda 

Queridísimo Carlitos: 

Ayer tenía ganas de ponerme la minifalda. Solo tengo una que me agrade y ya me la puse una vez para quedar contigo, en mayo. Ayer llegué un ratito antes de la hora y te esperé en la esquina de la ronda de Sant Pau con Parlament. Allí, parada, todos los hombres me miraban. Escuché algunos piropos, la mayoría vulgares. Y llegaste tú, echaste un ojo a mis piernas y te quedaste frente a mí, pasmarote, apocado... Si yo no doy un paso hacia ti, no me abrazas. Un apretoncito suave y tierno, y un beso en cada mejilla… de buenos amigos. Exquisita urbanidad la tuya (y la mía).  

Te perdoné enseguida porque te vi muy guapo. Has adelgazado un poco en cinco semanas y eso no le sienta mal a tu aspecto. Aunque debes cuidarte. Estabas ojeroso, no como si no hubieras dormido, sino como si hubieras llorado.  

De modo parecido me vi yo muchos días. Fuera de casa, casi no me quitaba las gafas de sol. Sin embargo, nadie me preguntó en ningún momento por mi leve desmejora facial. Ay, la indiferencia con que nos tratan los que nos ven muy a menudo es deprimente. Quizá piensan que tenemos la regla durante medio mes. 

No aceptaste la horchata y preferiste un granizado de café. Y pagarlo, con el mío de limón. Pero mi invitación a horchata queda en pie. 

Casi no hablamos. Nos mirábamos, nos sonreíamos, sorbíamos la pajita de las bebidas… Fue todo extraño, agradable y extraño. Cuando nos tomamos las manos, creo que los dos tuvimos una sensación eléctrica como la de los primeros días, pero más suave, dulce, pero leve.  

Es que ayer callamos ambos para no decirnos “te quiero”. ¡Qué bobos somos, qué bobos! 

Te agradezco que no hubiera un reproche por tu parte. Lo mejor de todo es que volveremos a vernos en unos días. Para estar un buen rato, me va mejor la semana que viene, pero si quieres el viernes por la tarde, pronto, podemos vernos una estoneta.  

¿Sabes una cosa? Cuando llegaste, te vi guapo, sí, como te he dicho, pero cuando nos despedimos, después de ese tímido y suave beso en los labios, estabas radiante. Te parecías al muchacho más hermoso del mundo con quien yo me extasiaba meses atrás. Y creo que también yo salí embellecida de nuestro encuentro. Llegando a casa, recibí más piropos de transeúntes desvergonzados que cuando salí. No les hice caso alguno, caminaba como si estuviera un palmo sobre el suelo. Flotaba, rutilaba.  

Quizá lo más importante es que perdí el sentimiento de culpa que me atormentaba durante tantos días. Quizá esa es la razón de mi renovada buena presencia. Me miro al espejo y me digo: ¡Qué bonita estoy! Gracias, querido, gracias. 

Nos veremos pronto  

Helena 

'Hey Jude' 

Carlos:

He llamado a tu casa esta tarde. Me ha contestado tu padre. He dicho que era Nicia, como meses atrás. Aunque sabía que no te encontraría, esperaba que me llamaras al recibir el recado. Hoy no había nadie de la familia en mi casa. Solo estaba la asistenta. He tenido la puerta de mi cuarto abierta para que me diera tiempo a salir para contestar al teléfono antes que ella. Aunque Araceli es discreta y no hubiera dicho nada a mis padres ni a mi hermana. Es una buena chica, muy trabajadora. Tú, a estas horas, aún estarás por ahí, como tantos días: quizá has ido al bar de los billares. ¿Sigues frecuentándolo? 

No te he telefoneado por nada urgente. Solo quería hablar contigo, contarte cosas, que me contaras cosas, oír tu voz y hablarte. Eres el remedio para mis horas bajas. Cuando mi corazón se apaga, tú lo enciendes; cuando quema, tú lo refrescas. He escuchado 'Hey Jude', de los Beatles. La han puesto en Radio Juventud y han traducido la letra. Me he sentido Jude, con el mundo cargado sobre mis espaldas, pensando en que tomaría una triste canción y la intentaría mejorar. Yo estoy hecha, como Jude, para salir y lograrlo: “You were made to go out and get her…”, la canción triste ha entrado en mi corazón y quiero dejarla salir, pero creo que sigue habiendo otra, tal vez la misma, debajo de mi piel, “under my skin”. Tendré que hacerla mejor, aunque nadie me ayude.  

No sé por qué, pero hoy también la voz de Paul me ha entristecido. 

Quizá es que los días se acortan. Ahora empieza a caer la tarde… No obstante, los árboles que veo desde mi ventana, plátanos de sombra y lledoners, aún lucen muy verdes, con hojas limpias y brillantes, me gusta mirarlos.   

El calor en Barcelona me perturba por su bochorno. Esa xafogor que, aunque también la sentía, no me molestaba tanto en Caldetes ni en el Empordà, donde los aires son más limpios. 

Me he puesto a rebuscar en el mueble de la radiogramola… para poner algo que me diera energía, pero, mira qué novedad, he encontrado el single nuevecito de Hey Jude, que debe haber traído Rosa, mi hermana.  

He puesto la cara B, por curiosidad. Canta John, y la canción me anima más, me gustan las guitarras. La letra parece algo comprometida con las protestas y las actitudes de los jóvenes en el mundo, insólito en los Beatles. Se titula Revolution.  

La tarde avanza, también avanza el verano para llegar a su fin. ¡Fin! Qué palabra más fea. Miro las hojas de los árboles y aún no dan señales de que vayan a amarillear. “¡All right! ¡All right!”, canta John Lennon. Terminaré esta carta y me prepararé un té. No quiero cenar, quizá un yogur o un poco de fruta. 

Pondré más música. He ido a bailar varias veces en el último mes y medio. Ya te contaré a dónde y con quiénes. Te echo de menos. 

Nicia, la que deja marchar las tristezas que oculta bajo su piel.

VI 

Mamá feliz en Els Caçadors 

Hola, bichito: 

¿De verdad este fin de semana te vas a Gratallops con tus amigos de Reus? No hace falta ir al Priorat para comprar vino del Priorat; en todas las bodegas de Barcelona hay botas de ese famoso caldo denso y oscuro, aunque no especifiquen de qué pueblo de la comarca. Sentiré que estés fuera estos dos días. Rosa y yo libramos de papis, que se van a Ribas y lo celebraremos. 

Hemos quedado con Maica y el domingo iremos a bailar a una sala nueva que se llama Europa 78, en la calle Pardo, cerca de Fabra i Puig. El ambiente, al parecer, es apto para chicas de 27 como Rosa, o de 24 como Maica. También barajamos ir al Club Luis Aguilé, que está en el Clot, en la calle Besalú, cerca de Navas de Tolosa. En los dos locales actúan conjuntos. Si vuelves pronto de tu excursión, y tienes ganas de bailar, ya sabes qué debes hacer. 

Mi madre está contenta. Papi la está tratando con muchos miramientos. Le da caprichos. Dice que esos años malos que soportó desde que la situación económica nos obligó (o, más precisamente, obligó al señor Lorenzo Casas) a vender el piso del paseo de Sant Joan, se los compensará poco a poco. 

(Dice mi hermana que mamá habrá descubierto alguna fechoría de papá y que él la quiere desagraviar). 

Este fin de semana irán a Ribas de Freser, a casa de sus primos, Valentí y Nuri, pero a mamá lo que la hace feliz no es únicamente la visita familiar. Mamá está soñando en los canelones del hostal Los Cazadores. 

—Pero Carmen, los que comemos en casa casi todos los domingos están muy buenos, ¿no prefieres, para cambiar de menú, que paremos en Sant Quirze para comer en Ca La Cándida? Recuerda su exquisita sopa de pelotilles y el braó de xai, ¿no se te hace la boca agua? 

—Pero eso es más caro, papá? —comentó Rosa—, y, además, mamá adora los canelones y el tall rodó de Els Caçadors. Esos platos de Casa Cándida te gustan a ti. Aunque los codillos de cordero, hay que reconocerlo, están muy buenos. 

Los primos de mi madre vinieron a comer a casa el domingo pasado. Por la mañana fueron a Radio Barcelona, asistieron al programa La comarca nos visita, del locutor Enrique Fernández, en el estudio Toresky. Hubo actuaciones de El Pep de Cal Gros y del conjunto Los Jóvenes. 

Después vinieron a casa y, además del vermut de bota con almejas y patatas de churrería, mamá les obsequió con nuestros canelones dominicales: Els ha preparat la chica, que cuina molt bé, les explicó orgullosa. 

Mamá también les hizo saber que El Pep de Cal Gros vive aquí cerca y se le ve a menudo en la fábrica de perfumes Myrurgia, igualmente en el barrio. Su mujer (que no es la Toieta, su personaje en la radio) tiene una peluquería en la calle Grassot. 

Valentí y Nuri dicen escuchar la radio a todas horas. Él trabajaba en una empresa de tornillos y clavos de Ripoll, pero hicieron ajustes de personal y, tras el despido, se puso a ayudar a Nuri en la pequeña charcutería que poseen en el pueblo, donde siempre está sintonizada EAJ1 Radio Barcelona, ¡ep!, excepto a mediodía, en que Nuri no se pierde el Consultorio Femenino y de Belleza de doña Montserrat Fortuny, de Radio España. O sea, como mi madre. 

Hablaban de estos programas y me acordé de mi ciempiés curioso, Carlitos, que, como el primo de mi mamá, sigue, siempre que le es posible ‘Tambor’, el cuento con guion de Armando Matías Guíu, quien también es el director de la revista 'Fans'. Lo sé porque yo la compraba de vez en cuando. 

¿Qué personaje prefieres de 'Tambor'? Yo, el grillo violín, Rosa, el enanito cascarrabias, y Valentí, cucarachín multa gorda. 

La multa que te voy a poner como no vuelvas pronto el domingo y te vengas a bailar con nosotras ¡Multa gorda! ¡Multa gorda! 

Nicia, la que quiere bailar contigo el domingo.

VII 

Piscinas y Deportes, Judy Garland y El Oro del Rhin 

Buenos días, querido: 

Son las 10 de la mañana. Me he levantado pronto y he desayunado escuchando un programa de sardanas ¡es sorprendente la cantidad de coblas y compositores que existen! 

Después me he puesto a pintar, pero se me ha fugado una idea, la principal, y he dejado colores y pinceles a un lado para ponerme a escribir, a escribirte. Si pienso en ti, algo nuevo se me ocurrirá y trataré de impedir que se me escape: tengo los carboncillos a mano, por si acaso. 

Esta tarde, como ya sabes, iremos a bailar. Ayer fuimos al Europa 78, que es un local muy grande, que aún huele a nuevo. A Maica le gustó, vio a un apuesto y trajeado joven que conoció en La Ruleta antes del verano, y quería volver hoy, pero Rosa se niega. Los chicos son muy chicos para mí, dice. Iremos a Piscinas y Deportes donde esta tarde actúan Los Javaloyas, además de la Orquesta Niágara. Maica ha aceptado y yo, qué remedio, también. 

Los Javaloyas son de Mallorca, aunque algunos músicos son valencianos. Tocan éxitos melódicos y canciones suyas que hablan de ‘Mallorca bella’, ‘Mallorca de noche’, ‘Cala d’Or’, y otras con enunciados así de turísticos. 

Ahora suenan mucho con ‘Mágicos colores’. En Barcelona tienen bastantes seguidores, Rosa entre ellos. También hacen una versión de ‘Cuando salí de Cuba’, aunque me gusta más la original de Luis Aguilé, sobre todo para bailar y apretarnos mejor, ¿te acuerdas? 

A mí, hoy, me gustaría ir la plaza Sant Jaume, a escuchar sardanas y a merendar un llonguet con salchichas de Frankfurt de los que hacen en la charcutería Conesa. 

Mis papis deben estar paseando por Ribas o de palique en casa de los primos. Después, canelones. Y mamá feliz. 

El jueves, no te lo comenté por teléfono, fueron al cine Coliseum a ver ‘El valle de las muñecas’. Esa peli lleva muchas semanas en cartel. Parte de una novela de Jacqueline Susan inspirada en Judy Garland. Mamá adora a esa actriz y cantante. En casa tenemos algunos discos de cuando era una niña prodigio. 

Rosa le explicó a mamá que la escritora hizo lo que en Francia llaman roman à clef, novela en clave y la previno para que no esperara una biografía. De todos modos, a la señora Casas le gustó la película. 

Al salir del cine y pasar por el café que está lado, el Oro del Rhin, ese tan antiguo, se toparon con dos amigos de papá que les invitaron a entrar con ellos, colmando de atenciones a mamá, que quedó encantada. 

Hace años, antes de la debacle económica familiar, papá frecuentaba allí una tertulia, que todavía mantiene el quorum todos los jueves. 

Mami conoció al fin a algunos amigos de papá. Lacasa, Tutusaus, Parreño, Cruells, Subías y Bernabé. 

Nos explicó minuciosamente cuanto comentaron con ella, la única señora presente en el grupo. 

Cruells tiene negocios inmobiliarios en Madrid y aprovechó la ocasión para proponer a papi que invirtiera en el Aparthotel Melia Castilla, que están construyendo 

—Así, Lorenzo, cuando vayas a Madrid tendrás, tu apartamento propio en la mejor zona de la capital hasta el día en que decidas venderlo. 

Mami, cuando nos lo contaba al día siguiente, mostraba un entusiasmo que iba en aumento. Miraba a papi y casi le conminaba a estudiar la propuesta de Cruells. Papi solo contestaba para corregirla: se llama Crusells, Carme, Crusells, no Cruells. 

Eso no impedía que mami siguiera insistiendo en las bondades de la inversión, imagino que repitiendo los argumentos del tal Cruells o Crusells. 

Su ensoñación, que iba camino de convertirse en un debate especulativo, fue cortada de raíz por la aguafiestas de la casa. La realista Rosa. 

—No tenemos dinero para eso, mamá. Y yo, además, necesito ayuda en la correduría, papá debe contratar a otro empleado a media jornada, al menos. Si es que quieres presumir algún día de una hija que sea profesora mercantil, mamá. 

Y mamá calló avergonzada. Todos recordamos el disgusto con que mi hermana tuvo que dejar de lado los estudios para sustituir a los empleados que mi padre ya no podía pagar. 

Voy a ver cómo están los canelones que preparó Araceli para que las nenas de la casa almorzáramos hoy. Rosa, como es su día de asueto ha decidido no hacer nada. Lleva un rato resolviendo los crucigramas de los ejemplares La Vanguardia de esta semana que están por casa. Y haciendo trampa mirando las soluciones en los diarios de los días siguientes. 

Yunque de platero: tas. Joven y agraciada pintora barcelonesa cuyo nombre evoca el de la mujer más bella de la antigua Grecia: Helena 

Comeremos a la una. Ensalada y canelones. Llegaremos a Piscinas y Deportes con la digestión hecha. Ayer bailamos como locas, sueltas, pero creo que hoy será diferente. 

Espero que en Gratallops hayas tenido un buen día. ¿Has traído vino para mí? ¿La botella de vi ranci que te pedí? ¡Rancio, no dulce, eh! 

Besos y hasta ¿el miércoles? 

Nicia, la que iba persiguiendo una idea un domingo por la mañana. 

VIII 

Tinta roja 

Querido y dulce Carlos: 

Teníamos un ratito para vernos en este largo viernes de esta inacabable primera semana completa de septiembre y no lo hemos desperdiciado. Sin embargo, no sé si realmente nos aprovecha vernos durante tan poco tiempo, si reunir nuestras ansiedades y dejarlas abandonadas enseguida, solas de nuevo, tras poco más de 20 minutos, no nos daña en lo más hondo y duele más que los arañazos constantes de la ausencia. Somos víctimas del ansia por compartirnos, y vernos… la dispara.  

Este verano me hacía mucha falta comunicarme contigo. No te podía escribir, porque yo misma, necia de mí, había despedido nuestra relación. Mi corazón doliente te necesitaba y a falta de tu presencia, quería volcarse en una carta. Me escribí a mí misma, pero mi corazón seguía perdido, incapaz de asentarse o de alzarse o de dejarse caer. Te lo he tratado de explicar esta tarde, pero has ahogado mi vehemencia con besuqueos. 

Me has callado todas las cosas que te he pedido que escucharas. “Ya lo sé, ya lo sé”. Si tus “ya lo sé” no hubieran estado seguidos de muestras de afecto, me hubiera arrancado el alma allí mismo, en aquel banco del paseo de Sant Joan, donde tan imprudentemente, en las proximidades de mi casa, nos sentamos a veces. Me consoló verte muy atractivo y sereno, no balbuciente como yo. 

Estoy herida. A la infelicidad de añorarte le ha seguido la infelicidad de verte sin tenerte. 

El domingo, te he empezado a contar, iremos bailar al Casinet de Masnou o al Pati Blau de Cornellà, eso si tenemos coche para todos. En el dauphine de Edu solo cabemos, apretados, cinco. Si no, cambiaremos al Gogó Club, de Hospitalet, o al Dover, que está por tu barrio, en Consell de Cent. En el Casinet toca el grupo Els Dracs, en el Pati Blau Los Kifer’s y en el Gogó, los Baby Kings; los tres son buenos, dicen los chicos.  

Yo dejo que los demás hagan planes por mí. No chisto. Así nos comportamos las novias, aprendiendo a ser esposas ¡maldita sea! 

Ya me llaman a cenar. 

Echándote de menos más que nunca 

Nicia, la que escribe con la tinta roja de su corazón.  

IX 

Una buena chica de barrio 

Querido Carlos: 

Ya es domingo. No me dio tiempo a preguntarte, en nuestra breve cita del viernes, si habías continuado viendo a Iluminada. Desde julio, yo tampoco la he visto. 

Vosotros dos os caéis bien. Tú a ella, sobre todo. Pero no te dé apuro, Ilu no es una muchacha que esté a la caza de un novio. Si tiene algún sentimiento hacia un chico, lo tiene de corazón y no trata de pescar a nadie. Ni lo hará nunca con malas artes. 

No es ambiciosa, o, mejor dicho, lo es, tiene las ambiciones naturales de chica de barrio, pero no las más tópicas. Desea, especialmente, tener más oportunidades de estudiar. Es muy aplicada. No sé si sabes que trabajó un tiempo en una farmacia y enseguida aprendió. Pensó entonces que quizá un día podría estudiar farmacia en la Universidad. Quiere realzar su vida y no pretende hacerlo a través de un hombre que la sustente, por ahora. Pero tiene la necesidad de amor. Sé que la tiene. Como yo la tuve cuando era poco más que adolescente, de manera muy intensa, pero me conformé con algunos devaneos, que se terminaban en cuanto me daba cuenta de que los chicos que me rondaban deseaban a la hembra y no esperaban amar a la mujer, cosas para las cuales, por otra parte, yo no me sentía preparada. El cuerpo (y la mente) me pedía cosas que yo hubiera dado de encontrar a la persona adecuada. Alguno hubo, pese a todo, que se enamoriscó de mí. Me halagaba eso, pero no correspondía porque no sentía lo mismo, solo curiosidad. 

Vosotros dos, Ilu y tú, siempre me ha parecido que haríais muy buena pareja, cosa de apariencia, nada más. Te pido que me disculpes si te tomaste a mal que en mi última carta del mes julio te insinuara desvergonzadamente que aprovecharas mi despedida para tener una relación continuada con ella. 

Aunque amiga de ambos, no soy quien para deciros lo que debéis hacer. Esa carta que te escribí me ha dolido mucho y me duele todavía. En realidad, pese a que tú hayas corrido un oscuro velo sobre su contenido, sé que te disgustó y que, quizá, te hirió. 

Te pido perdón, de nuevo. Y te pido que me lo des de palabra y en persona, si crees que puedes hacerlo. Lo necesito. 

Nicia, la que no tiene perdón, pero quiere ser perdonada.  

Domingo de pop-rock 

Querido Carlos.  

Ya es lunes y falta menos para vernos. Mi fin de semana ha sido muy convencional. Sábado casero con papá, mamá y mi hermana, por primera vez juntos desde julio, y domingo con amigos, a bailar. No teníamos coche para seis (tres parejas) y desistimos de ir fuera de Barcelona. Nos olvidamos de El Casinet de Masnou y de El Pati Blau de Cornellà, adonde les apetecía ir a dos de los chicos, y tomamos el metro hasta la estación de Fontana. Pensamos ir al Kikirikí o al San Carlos Club, que están cerca, pero al salir del metro nos enteramos por unas chicas de que actuaban los Lone Star en el 464*, también próximo, y optamos por esa sala. 

Ese grupo me gusta. Toca con trempera, como dicen los músicos. Todos alabaron su actuación, yo también, pero mientras tocaban me sentía muy sola, infinitamente sola entre gente que bailaba y que disfrutaba con la música. Aplaudí, pero con desgana, quizá solo por contagio de mis entusiasmados acompañantes y para que no me preguntaran nada. Mi profesor mercantil también bailaba y lo hacía con ganas. Lo dejé suelto ¡y bien que se soltó con las otras dos chicas del grupo! En ese rato, me sentía una estrella solitaria, como si una parte de mí anduviera perdida por cualquier otro lugar y no estuviera allí.  

No obstante, Lone Star es un grupo muy bueno. Tengo ganas de volver a verlo prestando más atención. Me gusta ese grupo. También me gustan Los Salvajes y, por el trepidante espectáculo, Tony Ronald, que lleva gogós de buen ver y tiene un show muy visual que encanta a los chicos. A Los Sirex les seguía hace tiempo. Iba al San Carlos Club, precisamente. Tú estás más atraído por los grupos nuevos, me parece. Será cosa de la edad. Cuando voy a Caldetes en tren me acuerdo de la canción El tren de la costa, aunque la que más me gusta de Los Sirex es Que se mueran los feos. Después de escucharla me imagino un mundo lleno de chicos guapos (y a mí entre ellos). 

Las canciones, cuando estoy decaída, como estos días, me despiertan un poco y me ayudan a tener ideas para sobrevivirme. 

¿Y tú cómo te sientes? ¿Tienes ganas de verme? ¿Estás anhelante? Me gustaría que sí. Nos veremos el jueves, si te va bien. A mí se me harán largos los días y me pesarán las horas. Necesito con urgencia tener una cita con un chico guapo. ¿Quieres ser tú? 

Nicia, la que se siente sola. 

*464 era el nombre de un club de baile que hoy en día, desde hace décadas, es la sede del Centre Artesà Tradicionàrius (C.A.T), consagrado a la música folc. 

XI 

La tarde dorada 

Carlos, Carlos: 

Todavía estoy aturdida por las emociones y la felicidad de pasar tantas horas contigo. Cinco. Desde las cinco de la tarde hasta las 10 de la noche hemos estado juntos, sintiéndonos en contacto.  

La idea de tomar el funicular de Montjuich* para evadirnos de la neblina que siempre cubre la ciudad, imperceptible cuando estamos sumidos en ella, ha sido muy acertada. En el trayecto de subida, con mis manos entre las tuyas, he vuelto a ser la mujer sonriente de la pasada primavera. La mujer que amaba y era amada por un joven sensible, tierno, pero avispado; valiente en la vida y en el amor, capaz de arriesgar sus sentimientos en una relación imposible, arrojándose en brazos de una pasión clandestina como si esta pudiera ampararlo eternamente. 

Ese joven que en julio recibió con elegancia mi vuelta a la cordura y que dos meses después sigue sin reprocharme el dolor que le causé con ello y que, hoy, en el trayecto del funicular, me ha hecho sentir que yo le hacía feliz y que era feliz por hacerme feliz, arrancando la soledad que acuchillaba mi corazón desde entonces. 

En unos minutos, en unos pocos minutos, los dos hemos vuelto a deleitarnos con el azul del cielo, con el del mar, con los barcos que veíamos acceder al puerto preguntándonos de cuán lejos provenían los pasajeros, quizá de ultramar. Un día iremos a Mallorca, algunos de esos barcos van a las islas. No lo haremos como los novios en luna de miel. Lo haremos como amantes, amantes desvergonzados y seguros de sí mismos. Lo haremos, aunque yo esté casada y aunque tú tengas novia. Nunca dejaremos de ser amantes, nunca permitiremos que la felicidad nos abandone. Seremos fieles a la felicidad y, por eso, por nuestro deber con ella, la que todo nos lo da, no nos dejaremos a la intemperie de la soledad nunca más. 

Los verdes de la montaña han acariciado nuestras palabras mientras la tarde se doraba. La plata que salpicaba el azul del mar ha llegado hasta nuestros labios con el llevant y ha puesto sal a nuestros besos. 

No hemos podido menos que bajar a pie, despreciando la vuelta de los billetes de ida y vuelta comprados en la estación del Paralelo. Yo tengo los dos cartoncitos. Los voy a guardar.  

Los recodos de los caminos y los jardines han sido propicios para abrazarnos. El sol, poniéndose más allá del Tibidabo, ha seguido dorando la tarde…  

—Caminemos, descendamos. Hay un atajo que pasa por debajo de Miramar. La ciudad nos atrae. Somos de esa Barcelona que tenemos delante, de una Barcelona que hacemos más nuestra con cada beso, con cada beso prohibido, incomprensible y rechazable para una parte de la sociedad que no sabe subsistir si no es sumida en la hipocresía, en sus convenciones de viejos, en sus trasnochados contratos sociales. Nosotros, en cambio, experimentamos el placer de vivir. 

Amor mío, son casi las 12.00 de la noche. No he cenado nada. Me has dejado cerca de casa a las 10.00 y necesitaba escribirte. Es mi manera de estar contigo cuando no estoy contigo. 

Te quiero y eso me hace feliz. Voy a dormir, si puedo. 

Nicia, la que se declara fiel a la felicidad. 

*Monjuïc se escribía, entonces, Montjuich. 

XII 

Voy a ponerme el deshabillé para pensar en ti 

Mi dulce chico:

No esperaba que me preguntaras, mostrando tanto interés como mostraste, por mi deshabillé de seda. La tarde-noche en que lo estrené, aquella en que respiramos los primeros efluvios de la primavera urbana en el desván de tus amigos del Born, casi no me diste tiempo de lucirlo. Nos deleitábamos con los aromas de las flores de la terracita de la finca del costado, que tenía jazmines, pero el tiempo era fresco y allí, en la “cúpula” del terrado, nos abrazamos para disfrutar de los calores mutuos. Tú en camiseta y yo en deshabillé y con la rebeca encima.  

Ya dentro, después de cortar el pastel, quise lucirlo unos minutos ante ti. Me quite la chaquetita con un gesto sensual, como de vedette de barrio… Tú solo me dijiste: “Es bonito”, y, abriendo mucho los ojos, “digno de tu cuerpo, que es bellísimo y de tu piel, seda negra sobre seda nacarada”.  

—¿Verdad que sí? —te respondió ufana la dueña del deshabillé (y del cuerpo y de la piel), antes de abalanzarse sobre ti y quitarte la camiseta blanca de tirantes, perfecta, por cierto, para un albañil en su día de fiesta, y de arrastrarte hasta el viejo diván que nos esperaba. Después, el olor de nuestros cuerpos fue más intenso que los aromas de jazmín; nuestros susurros de deseo y nuestros jadeos nos libraron de escuchar los gruñidos de los muelles del diván, un diván en funciones de lecho de amor.  

Y no me quité el deshabillé. Hacía rato que no sabíamos nada de tu camiseta ni tu slip ni de mis bragas ni mi sostén, pero yo seguía con el deshabillé puesto. Y no me lo quité. 

Ahora… me lo pongo para pensar en ti. Y con el puesto dejo volar a la imaginación, realizo mis más ardientes deseos. Sueño que me muerdes los labios, que te llenas de mí… Qué importa vivir de ilusiones si así yo soy feliz. Voy a ponerme el deshabillé para pensar en ti. 

Nicia, la que a veces, se pone el deshabillé, apaga la luz y piensa en ti. 

 

 
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