Novela
[ Volver ]Las cartas de Nicia (Cuarta entrega, del capítulo 34 al 40)
25/04/2026 - Jordi Rueda Mateu / Las cartas de Nicia
Rosa y yo, por Helena Casas. Creación del autor.Las cartas de Nicia
la de los cabellos castaños
Jordi Rueda Mateu
Del capítulo 34 al 40
(Capítulos 1 al 14, 15 al 26, 27 al 33)
XXXIV
Domingo de espeleología
Querido:
¿Debería estar celosa? ¿Qué habéis hecho mi amiga y tú este domingo?
Como ella no barrunta nada de lo nuestro, me ha llamado emocionada para contarme que estuvo todo el día contigo. Que fuisteis de excursión los dos juntitos, hasta Santa Creu d’Olorde y que bajasteis a un avenc… Ya me habías hablado de tu afición a la espeleo, pero no de que quisieras captar a nuevas aficionadas. ¿O eso de llevar a una hermosa muchacha a una cueva iba con segundas? ¿La has protegido, la has abrazado en la oscuridad? Ella me ha dicho que ese agujero era muy angosto, y que entró por ti, que no se vuelve a meter en ninguna sima si no es, como mínimo, una cueva navegable como las del Drac, en Mallorca. Es natural, a las chicas nos gustan más los picos que los agujeritos…. Bromas aparte, sabes que la única mujer con la que no me molesta que te introduzcas en lugares oscuros es con Ilu, una joyita de muchacha y mi joven amiga querida.
Mañana martes, si no ha cambiado nada, nos veremos, y me explicarás todo eso. Con pelos y señales. Sin omitir nada, eh.
Yo también tengo cosas que explicarte. He aguantado el tirón, pero las cosas se me complican, me siento asediada y, la verdad, es que me entran ganas de rendirme, por cansancio. La batalla empieza a durar demasiado.
Besitos, hombre de las cavernas. Hasta mañana.
Nicia, la amiga de Ilu.
XXXV
Un gigoló en el Drac
Hola, querido.
¿Qué hacías en la terraza del Drac con aquella señora tan refinada? ¿eh? En el interior, al fondo, estábamos mi hermana, su amiga Maica y menda lerenda. Tomábamos un refresco mientras hacíamos tiempo para ver, en la Cova, abajo, en el mismo local, un recital de Guillem d’Efak, ese negro mallorquín que canta blues en catalán con una voz muy bonita.
Nuestra amiga quería aprovechar para comprar unos discos en el puesto que hay en la misma cafetería y que atiende amablemente la cantautora Dolors Lafitte, quien también canta canciones occitanas. Maica ha comprado uno de Serrat, otro de Enric Barbat y otro de María del Mar Bonet… Los tres de 45 rpm.
Y ha sido ella, de reojo, después de pagar los discos, la que te ha visto. ¿Ese chico que está sentado afuera con una señora no es el que os suministra los trabajos de imprenta de los negocios de tu padre? ¿Está pluriempleado como gigoló para sacarse unos cuartos? —ha bromeado.
Yo sabía que esa señora es la jefa de medios de una agencia de publicidad que está por la misma calle Tuset. Tú me lo habías comentado… que te iba a encargar unos pósteres musicales. —Será una cliente del Carlitos. Por aquí, en esta calle de moda, hay varias casas de discos y de publicidad —he dicho, sin más. —Importante ejecutiva, pues, o lo parece —Ha añadido Maica. —Lleva un traje sastre muy bonito y elegante.
Y nos ha contado que te vio hace unas semanas en el bar Texas, de la plaza Real, jugando al billar.
—¿Y qué hacías tú en ese antro? —Le ha preguntado Rosa, mi hermana, con cara pícara. —¿Buscabas a algún proveedor de grifa?
Y ahí se han quedado nuestros chismes, porque ya estábamos bajando las escaleras para ir al sótano, donde faltaba poco para que empezara una actuación del humorista Santi Sans, que le gusta a Maica. Guillem d’Efak, cantaba después, a medianoche.
Ya me contarás si te ha ido bien el negocio. Que así sea. Te lo mereces por mantener el tipo, la soltura y el tono ante señoras de buen porte (que te doblan la edad, esta aparenta 36 o 37, al menos), señoras de las que mandan mucho. Imagino que por eso te habías citado con ella tan tarde, sí, ya me explicaste que muchos publicitarios trabajan sin horarios. Y si después te invitó a comer una tortilla de butifarra en algún otro bar, como si fuera jueves lardero, también me lo cuentas.
Yo, en contrapartida, te hablaré un poco más de Maica, otro día. Es una persona muy valiosa. Está muy interesada en la Nova Cançó, aunque ella es castellana vieja, de Melgar de Fernamental, que está en la provincia de Burgos, cerca de la de Palencia. Vino hace unos años a Barcelona a estudiar en la Escuela de Altos Estudios Mercantiles, donde conoció a mi hermana, que estaba en un curso por delante, pero las dos coincidieron en reuniones fundacionales del Sindicato Democrático de Estudiantes de Barcelona, allá por 1965, creo. Maica es muy inquieta y avispada y te diré que lo que en realidad quería al venir a la muy portuaria ciudad de Barcelona era alejarse de la familia y vivir la vida libremente. Y a fe que lo hace. Acabado el peritaje está cursando ya el profesorado mercantil, cursando, no estudiando, dice ella. Nos lo pasamos muy bien cuando salimos juntas.
Bueno, querido gigoló. Ya ves que llamas la atención de las mujeres listas.
Nicia, la que asiste a recitales de Nova Cançó. ¡No todo van a ser éxitos de Sanremo, canciones de Eurovisión, rock psicodélico o chachachás!
XXXVI
La presión
Querido.
Hoy hemos hablado durante mucho rato de mis problemas. Tengo la luz de los faroles de los jardines que alumbran nuestro banco, metida en los sesos. Parece que lleve puesta esa luz a la que no miro cuando estoy contigo y de la que me olvido por completo cuando te empiezo a hablar nerviosamente, pero que, a la vez, percibo como si se grabara en mis facciones, en mi frente, en mis mejillas… Pintaré esos faroles; para que no me molesten, me adueñaré de ellos.
Ya lo sabes: no fui capaz de decirles a Edu y a sus padres que esperáramos al otoño para fijar la fecha, como habíamos acordado hace unas semanas, en la comida en mi casa. Muy educadamente insisten, insisten, insisten, y Edu, al que a veces no entiendo, no es capaz de hablarme con claridad sobre sus deseos. Me irrita que ponga a sus padres de mensajeros. Debería ser lo bastante hombre para ser claro conmigo. ¿Tiene miedo de que saque las uñas? Con él me he enfadado algunas veces y he sido hasta un poco grosera. Y no entiende que una mujer puede plantar cara a un hombre cuando no le gusta lo que ese hombre hace, de la manera en que le habla o las cosas que le pide.
Nunca nos hemos acostado juntos y nunca se ha atrevido a pedírmelo claramente. Llevamos dos años prometidos y parecemos santos (aunque sí le permito que me toque las tetas). Sus padres son de trato exquisito, pero constantes en eso de exigir la concreción de una fecha de boda. El domingo, como te comentaba ayer a la suave luz de los faroles (que ya es mía), tuve que admitir que de agosto no podía pasar lo de fijar, al menos de manera aproximada, la fecha y el lugar de la boda, Me hablaron de Montserrat, pero les dije que no, que quería algo menos ostentoso… y esa fue la trampa en que caí. ¿Sabré salir? No sé muy bien cómo.
Gracias por besarme. Dejé de contarte muchas cosas, porque con tu comprensión me libraste de mi malestar, del sentimiento de culpa que me han inoculado por dilatar tanto las decisiones. Te quiero mucho y comprendo que tu paciencia es infinita (¿o finita?). Me duele trasladarte siempre mis angustias, pero, como ya sabes, eres mi confesor. No voy a otro capellán. Ni iré. Gracias por darme amor en lugar de penitencias.
Tengo muchas dudas sobre qué hacer. Me voy a volver paranoica. Explicarte mis agobios me libera, pero no por completo.
Este viernes podemos salir. Y el fin de semana será nuestro, pasando la noche cada uno en su casa, eso sí.
Eres mi cielo, aunque quizá me merezca el purgatorio en que estoy sumida.
Besos
Nicia, la que purga pecados por cometer.
XXXVII
Una mujer desconcertada
Querido Carlos:
Sigo, como te dije en nuestra última sentada y en la carta de ayer, muy desconcertada. Debes perdonar mi nerviosismo. Conocerte ha sido lo más hermoso que me podía suceder y me ha abierto los ojos sobre la realidad de la vida o, para expresarlo de manera más templada, sobre una de sus realidades, la más bella, quizá, de todas.
Tú me has dado bríos y has abierto mi mente a creer que hay algo más, mucho más, que la seguridad de un marido o de un trabajo estable. La aventura de vivir comporta riesgos, pero las satisfacciones que da, si eres persona atrevida, son mayores. Eso lo he aprendido contigo. Y ahora voy a contarte algo que necesito explicarme a mí misma y que quizá debería callar, pero me duele tenerlo dentro.
La formalidad de mi novio en nuestras relaciones es impecable, pero ¿por qué es tan poco apasionado? ¿Es que un hombre de 27 años no necesita satisfacer sus impulsos eróticos como hace un joven de 18? Si piensas que te estoy utilizando para comparar, aciertas. No lo he hecho a conciencia, lo sabes, pero las evidencias se me ponen delante.
Empiezo a pensar que Edu tenía en Zaragoza algo más que un empleo bien pagado ¿Una amante? No sé ¿Tal vez un amante? A veces me habla de un amigo suyo que es medio italiano.
Pienso mal, no para acertar, sino para no errar. ¿Será homosexual? ¿Por eso es tan poco decidido conmigo? ¿Será que cuando me acaricia lo hace por cumplir más que por placer? Sé que me admira como mujer y me lo ha dicho más de una vez, pero ¿le gusto físicamente? Seguro que sí, claro que le gusto, pero es tan modoso…
Estoy llena de dudas. Creía que quien podía dar motivos de sospecha en el noviazgo era yo y resulta que tal vez esté, en eso, muy bien correspondida.
¿Qué puedo hacer? Mi plan de vida estaba perfectamente definido, era el que mi madre deseaba para mí. Su alegría fue tremenda cuando nos prometimos Edu y yo, hace ya dos años; lo hemos comentado otras veces.
Contigo estoy viviendo una experiencia que me satisface como persona y como mujer. Con él, en cambio, se me antoja que toda la vida consistirá en un día a día solo alterado por algún viaje, por ir al cine los viernes, o por ir a comer con sus padres o con los míos, los domingos.
Contigo (y disculpa que te use otra vez para comparar) soy como una planta que estaba en un rincón, semiolvidada, y que ahora, gracias a que es cuidada, regada, abonada, echa flores todos los días. Nunca me había sentido así. ¿Puede eso prolongarse ad aeternum? Seguramente no ¡Sería exagerado ser tan feliz toda una vida! Pero ¿debo apostar por la rutina, el aburrimiento, como base de mi plácido futuro? Podría sentirme dichosa pintando. Si consigo exponer de vez en cuando y vendo algunas obras me sentiré realizada. Estudiar y aprender cosas también me ayuda y me sustrae de los problemas que pueda tener.
Y no entro a valorar lo que pienso de nuestra relación. Sabes que sueño contigo como si lo nuestro no tuviera que acabarse nunca. Si cambio mis planes, si rompo con mi prometido y te presento a ti como parte de mi verdadero proyecto vital dirán que estoy más loca de lo que se imaginaban todos. No. No sería fácil, aunque es lo que quisiera hacer. Y mi cabeza especula con esas imágenes.
Otra cosa que veo difícil sería disipar mis dudas respecto a Edu y a su interés por mí, sentir que me quiere para mucho más que para cumplir con su obligación de hombre que pretende a una mujer con la que consolidar su imagen social. Siento que me admira, pero como me han admirado otros chicos. No digo ya como tú, porque tú me lo demuestras cada día, me quieres tanto que todo lo que hago te parece cosa celestial.
Y yo también te quiero mucho. Mucho.
¿Qué puedo hacer? Esa pregunta solo puedo respondérmela yo.
No debiera haberte explicado todo eso, aunque en buena parte ya lo sabías o lo adivinabas. Sigues siendo mi confesor, además de mi amante, una dualidad imposible…
Gracias por leerme y escucharme con tanta paciencia. Sé que algunas cosas te revuelven el alma y solo por amor eres capaz de soportarlas. Gracias de nuevo.
Cariños
Nicia, la que se confiesa para aliviar sus dudas.
XXXVIII
Alegría en casa de la novia
Querido Carlos:
Estoy sorprendida. La alegría que han manifestado mis padres al explicarles que durante la comida que tuvimos el pasado domingo en casa de los de Edu, aprovechando su permiso de fin de semana, llegamos al acuerdo en fijar pronto una fecha aproximada de boda, ha sido enorme, enorme.
Mi madre me ha preguntado 3 o 4 veces qué cuándo y yo he respondido con una mueca, torciendo un poco la boca. Pero ella ha seguido: pero cuándo, cuándo, cuándo, y yo he acabado por decirle que si me iba cantar esa canción italiana. Se ha reído. ¡Mi madre se ha reído con una broma mía! Así, de pronto y hablando de cosas serias, muy serias para ella.
Aprovechando la distensión. Les he explicado que la canción es de Tony Rennis y que tenemos el single en el mueble de la radiogramola. Y me he puesto a cantar: Dimmi quando tu verrai, dimmi quando, quando, quando, l’anno, il giorno e l’ora in cui forde tu me becerai… y ahí me he quedado, porque no recordaba más.
Bueno, ha irrumpido de nuevo la señora Carmen, ¿cuándo será eso?
—En agosto mamá, con Edu a punto de licenciarse y seguramente con plaza confirmada en el Banco Zaragozano, en la oficina de la Ronda Universidad de Barcelona. Entonces decidiremos la fecha.
Me ha mirado con satisfacción y con aprobación, quizá recordando, que yo aduje semanas atrás que era importante que él tuviera seguro el empleo en Barcelona, así sabríamos de qué íbamos a vivir y cómo compraríamos el piso que tenemos pensado, en el Ensanche, que es propiedad de un primo suyo que nos lo guarda y que nos lo venderá con algunas facilidades con el aval de mis futuros suegros.
Mi señor padre no podía contener las sonrisas y hasta mi hermanita del alma, la única que tengo, a Dios gracias, se ha puesto a hacer palmas. Después ha dicho ¡ya era hora! que siempre tiene que poner la guinda a sus felicitaciones si van dedicadas a mí (la quiero mucho, como ella a mí, y la comprendo muy bien después de que me explicara lo que descubrió en el Pub 120, algo que lleva como un castigo añadido al de trabajar más que el cabeza de familia para sostener la casa).
Pero... he tenido que hacer sobreesfuerzos para no delatar mi perplejidad ante tanta alegría.
Así que esto es lo que ansían mis padres, que llevan tiempo ahorrando para mi dote. Casar a la hija que quiere ser pintora profesional, maestra de escuela y estudiosa de las cosas del mundo que han pasado, que pasan y que han de venir. Todo eso que querría ser, mis vocaciones, no importan a nadie.
Y si supieran a qué se debe mi buen humor de los últimos seis meses, sobrellevando las discusiones, si supieran que he transgredido todas las convenciones sociales que convergen en la llamada decencia y que, por ello, he sido la mujer más feliz del mundo… si lo supieran ¡me metían en un convento! ¡O en algún asilo para pecadoras que ya encontrarían, seguro!
No, no es así, exagero, no son tan carcas (aunque mamá aún asiste algunos viernes al rezo del Santo Rosario, aquí en el barrio), pero me irrita que se sientan tan contentos y que no perciban que, en estos momentos, no tengo el antojo de casarme. Nadie me ha preguntado por qué he tratado de retardar la decisión sobre la fecha de mi boda.
Yo sí que me pregunto si todas las mujeres estaremos pagando siempre el pecado original ese del que habla la Biblia. Es una mierda ser mujer. Tener que pedir permisos parentales o, si te casas, maritales, para trabajar o para tener una cuenta en un banco. Yo no seré mayor de edad hasta los 25 años. Tú, al menos, lo serás a los 21, por ser hombre. Que también es exagerado, si todos valemos para trabajar a los 14, porque esta explotadora sociedad nos regatea otras cosas, tantas y tantas a todos los jóvenes y tantas más a las mujeres.
Bueno. Así son las cosas. Y así estoy yo de crispada por lo satisfechos que están todos esperando que Edu y yo seamos felices y comamos perdices. Ya lo veremos. Ya veremos si lo verán.
Aunque Edu, el pobre, tampoco tiene la culpa. Y seguramente le desconciertan mis reparos y que dé a entender, ahora, que el sacrificio del matrimonio solo se debe afrontar a cambio de una buena vida material, porque yo “no era así”, me dijo.
Disculpa, Carlitos, que te convierta en el sumidero de mis desahogos, pero estoy airada y si hoy no me hubiera puesto a escribirte, hubiera hecho algo gordo.
Un beso, querido. Gracias, de nuevo, por leerme y escucharme tantas veces.
Nicia, la que hará a todos felices cuando ella coma perdices.
XXXIX
Que nadie vea las cartas
Querido, dulce y amable Carlos:
¿Cómo estas, cariño? ¿Te sientes bien después de que te relate tantos banales infortunios que alteran mi vida de estudio y recogimiento?
¿Todavía te compensa un beso mío de tantas narraciones de rabia y de dolor, tal y como me aseguraste, seriote, hace pocos días?
Gracias. Te doy las gracias, contestes lo que contestes. Has sido único para mí, y me has espoleado a pintar, a leer y a escribir. Todas estas cartas que has recibido mías, que no querría que nunca enseñaras a nadie, ni siquiera a mí, porque quizá me avergonzaría, me han hecho mejorar mucho mi estilo al redactar. Quizá un día pueda alternar la pintura con la narrativa. Eres un sol. Un sol que me ha calentado (y mucho) en invierno y que me ha alumbrado en mis horas más más tediosas. He pintado una serie de pequeñas acuarelas de adoquines muy pulidos, como los de las calles de mi barrio, aunque un poco agrandados, adoquines grandes que no llegan a ser losas, donde se ve el reflejo de cosas que pasan y se adivinan autos veloces, una niña, una pareja de la mano, un hombre con la bolsa del pan, y en la noche, la sombra de dos amantes besándose. Todo insinuado con trazos mínimos.
Has sido sí, un sol; el sol de mi vida desde que iniciamos esta loca y tan vivificante aventura de querernos. Has puesto luz incluso a los cestitos de frutas que hemos compartido y hasta las cerezas tenían la piel más luminosa gracias a ti.
Pero el tiempo de las cerezas de 1968 empieza a dar menos frutos. Es natural. No es culpa tuya. Pase lo que pase, nunca creas que has hecho nada mal. Soy feliz escribiéndote, pero, aunque siempre hay cosas por decir, ya nos hemos dicho todo lo esencial, en persona o por escrito. Quizá debería empezar a emplear mi tiempo en pintar más o, quizá, en iniciar y continuar ese diario personal que tengo pendiente… tengo una cajita para guardar cosas bajo llave, donde pueden caber mis notas y mis papeles. Ahí tengo alguna carta muy íntima que en su día no me atreví a enviarte, y otros apuntes de la vida, de cómo veo la vida.
Gracias, cariño, gracias por todo, gracias por tu luz una vez más.
Besos
Nicia, la que pinta adoquines como si fueran espejos.
XL
El baile del sábado
Querido y paciente Carlos:
Este sábado no podremos reunirnos ni siquiera un ratito. Ya sé que hace semanas que no lo hacemos, pero viene Edu de rebaje (así llaman a los permisos cortos, cuando hagas la mili te enterarás) y vamos a ir al teatro y a picar algo con otras dos parejas de amigos. Después iremos a bailar.
Queríamos ir a una sala de la calle Aribau que se llama Las Vegas, cerca de la Diagonal. Mi padre, cuando se lo dije, me comentó que en su juventud era una bolera y que él la frecuentaba, en ocasiones con mamá. Pero nuestros amigos proponen ir al Mario’s Arizona, de Pedralbes, porque tocan unos músicos muy buenos y el cantante del grupo ahora hace unos números con unos palmeros. Es gitano y se llama Moncho. Les gusta mucho. Yo no dije que a mí también porque hubiera estado obligada a explicar que ya lo había visto actuar y con quién disfruté la velada.
Tú lo recordarás bien. Porque te entusiasmó y hasta echaste unas lagrimitas en La Masía de Esplugues, aquella tarde de jueves, cuando se puso a interpretar boleros y después canciones italianas y de Frank Sinatra, después de que nosotros hubiéramos bailado chachachás y mambos con el Tropical Combo, el grupo de ese conguero cubano tan divertido al que llamaban Ramoncito. ¡Venga Ramoncito!, le decía Moncho acabando una estrofa. “¡Que suenen los cueros!”, exclamaba otro músico.
Mataron al negro bembón, mataron al negro bembón…
Qué jarana, qué fiesta musical y qué sandunga la que tienen esos artistas, pero, sobre todo, qué emocionante ese bolero 'Encadenados', que yo había escuchado en un long play de Lucho Gatica y que en la voz de Moncho te hizo llorar. “Tal vez sería mejor que no volvieras, quizás fuera mejor que me olvidaras…. Cariño como el nuestro es un castigo que se lleva en el alma hasta la muerte, tu suerte necesita de mi suerte y tú me necesitas mucho más”.
No sé a ti, que parecías un poco aturdido, pero a mi esa tarde la música me llenó de vibraciones felices. Y las guardo íntimamente en mí.
El sábado en Las Vegas será diferente. Iremos seis personas, tres parejas, todos formalitos. Y yo recordaré esos momentos que compartimos nosotros dos, pero estaré modosita y si se me escapa alguna lágrima echaré la culpa a la voz y al sentimiento que pone al cantar ese gitano.
Y te echaré de menos, será inevitable. Si vas a los billares, llama a Iluminada e invítala a una partida de ping-pong (te ganará) y a una cerveza. Así no estarás solo. Ella también te hace reír.
Besos
Nicia, la sandunguera modosa.
(Continúa)





