Salas / Teatros
[ Volver ]Griffin celebra sus 50 años de vida en Sabadell con la misma decoración y esencia de pub británico que el primer día
11/09/2025 - Xavier Rosell / NoticiasClave.net
Tomàs Montserrat, actual propietario del Griffin, y Ramón Baró, creador del pub en los años setenta. Foto: © Xavier Rosell.Han pasado 50 años, pero nadie lo diría. Adentrarse en el Griffin sigue siendo una experiencia insondable y atemporal. ¿Un pub genuinamente británico en un barrio de Sabadell, y además con medio siglo de vida?. Pues así es. Y no fue un inglés su creador. Ni mucho menos. Tuvo que ser un chico de Ca n'Oriac, Ramón Baró, el encargado de trasladar este concepto british de bar nocturno a una vía sin asfaltar de la periferia de la capital del Vallès, la calle Segarra. Y ahí sigue, igualito que en septiembre de 1975, cuando abrió sus elegantes y opacas puertas, aunque la calle haya cambiado el barro por asfalto. Baró, hombre cultivado y viajado como pocos, conoció los pubs de Londres desde su primera juventud, y siempre volvía a Sabadell cargado de discos, cachivaches varios y, sobre todo, de ideas. La idea más loca —que pasado el tiempo no lo ha sido tanto— se llamó Griffin Pub. Lo abrió en las postrimerías del franquismo, y desde un primer momento apostó por cosas que aquí no se estilaban, como una larga barra surtida de cervezas con un botellero repleto de güisquis escoceses, discos import con lo mejor del pop psicodélico, el blues y el rock de la época y, por descontado, música en directo.
Pero no con músicos al uso. Tal como explica en el documental 'Ca n'Oriac, crònica històrica del barri', Ramón Baró cogía el coche y se iba a la Costa Brava a buscar grupos ingleses de jazz y blues que tocaban en bares de guiris y se los traía a Sabadell con todos los instrumentos. Nunca se había visto nada igual por estos pagos. En este mismo documental desveló, asimismo, lo que pasó el 20 de noviembre de 1975, el día que murió Franco. El pub abrió, como todos los días, pero se decretó luto nacional y no se podía poner música. Pero la prohibición finalizaba a las 12 de la noche, hora en que, ante el jolgorio de la peña, atronó el tema “Satisfaction” de los Rolling Stones. El paso de los años no supuso ningún cambio de filosofía en el local, ni tampoco de decoración. De hecho, el Griffin conserva su barra y mobiliario original, con los mismos elementos decorativos que inspiraron a Baró en Inglaterra: cómodos sofás semicirculares tapizados en verde, mesas y sillas de madera labrada, iluminación tenue, escenario con piano y diana de dardos —de verdad, no de esas electrónicas—, así como figuras y cuadros que compró a los hijos de la Gran Bretaña.
Tete Montoliu y músicos de proximidad
Cincuenta años dan para mucho, y la lista de músicos y bandas que han pasado por el Griffin —en su mayoría del ámbito del jazz y el blues— sería interminable. Cierto que nombres ilustres como Tete Montoliu, Peter King o Andrea Motis pueden sonar más, pero el mérito es haber dado la oportunidad a grupos y solistas que han tenido aquí su banco de pruebas antes de consagrarse profesionalmente. Algunos de ellos, veteranos de guerra en los circuitos musicales de proximidad, estuvieron este 10 de septiembre en la fiesta conmemorativa del 50 aniversario del Griffin que, como no podía ser de otra manera, finalizó con una memorable “jam session”. El escenario fue un no parar. Músicos e instrumentos iban subiendo y bajando de la tarima, cada uno ofreciendo lo mejor de su repertorio, en una velada única e irrepetible por el factor nostálgico y solemne de estar celebrando unas bodas de oro. Pero lo mejor del Griffin, como ha quedado demostrado en esta cita festiva, ha sido y es su irreductible clientela, refractaria de músicas vacías y ambientes toscos, y que ha sabido dar carácter y raigambre a un pub sin parangón en Cataluña, no solo por su longevidad, sino también por su autenticidad.
El Griffn, en buenas manos
El espíritu viajero e inquieto de Ramón Baró le llevó a abrir otras salas, como el célebre Mackintosh, y en distintas etapas cedió a otras personas el rumbo del Griffin, pero no por ello el pub perdió su esencia. Siempre en buenas manos. Y en la etapa actual, más que nunca. Desde hace casi un par de años, Tomàs Montserrat, pionero del ocio nocturno con salsa y pedigrí, está llevando el negocio con todo el respeto y la liturgia que merece el mítico pub de Ca n'Oriac. Y no solo por el hecho de conocer el sector como pocos —a mediados de los 80 abrió el inclasificable bar Mediterrani, solo para fondistas de la noche—, sino también por haber nacido y vivido en el mismo barrio. El Griffin siempre había sido la niña de sus ojos, y pensaba que el sueño de que sería suyo algún día se haría realidad. Muchos años antes tuvo que conformarse con regentar un local de menor empaque, l'Espatec, en el mismo barrio, pero nada que ver. Tuvieron que pasar cuatro décadas, pero al fin, el 14 de diciembre de 2024, recibió de las manos de Ramón Baró las llaves de su palacio nocturno soñado. Era suyo, por fin. Tomàs le rindió pleitesía desde el primer día, programando música en vivo los jueves y domingos, y desde hace poco jam sessión los viernes. Nada nuevo para él, pues en l'Indi, el pub que regenta en Esparraguera desde hace 20 años, la música en vivo es habitual. Ahora le toca compaginar ambos negocios. Pero lo lleva bien, acostumbrado como está a lidiar con tribus de distintas calañas (durante un tiempo llevó la discoteca Barro de Sabadell, donde iba lo mejor de cada casa), con el valor añadido de que, ayer y hoy, decir Tomàs Montserrat en Sabadell es de por sí un señuelo, una complicidad entre noctámbulos, solera reservada, como el buen coñac. Se le conoce y reconoce. Es lo que tiene ser un dinosaurio de la noche. Si el tango de Gardel decía que “20 años no es nada”, pues ya me dirán 50. Ahora a por el centenario, como el Terry
Lo más leído
1. Lista de ganadores y nominados de los Premios Grammy 2026
2. Bad Bunny no pudo cantar en los Grammy debido a su contrato con la Super Bowl
4. UMG celebra su 'showcase' 2026 en puertas de la gala de los Grammy
5. Marenostrum Fuengirola presenta 40 días de conciertos y 100 artistas en su 11.ª edición





