Opinión

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En son de paz

22/09/2009 - Eliseo Cardona/BlueMonk

Tal vez se trate de otra superficialidad. Como todo lo que impregna el espíritu de la música pop. Pero esta semana un colombiano nos autorizó a sentirnos cubanos. Asumido, además, con orgullo. Nadie puede quitarnos ese privilegio, ni siquiera los que insisten en mostrar el lado más horrible de su cubanía. Digamos que es imposible negar que el mundo tenía los ojos puestos en La Habana, que se convirtió en la verdadera protagonista del concierto Paz sin fronteras. La Plaza de la Revolución, escenario de tanta historia política, también sirvió de espacio para el pop. Y todos escuchamos.

Uno puede acusar a Juanes de ser ingenuo, irresponsable y hasta insensible. Nadie sin embargo puede acusarlo de no ser inteligente. Reforzada por un par de buenos cojones, esa inteligencia triunfó sobre la histeria, los paños tibios, el cálculo o la cobardía de otros artistas. En otras palabras, se impuso sobre la comemierdería que se destila en el exilio. Si La Habana nuevamente decidió aflojar para ganar en imagen ante el mundo, uno esperaba que algunas figuras con influencia en el exilio actuaran con determinación para ganar en sabiduría. Aunque sea para los de casa. Es absurdo pensar que un concierto pueda cambiar la naturaleza de una dictadura. Pero es menos absurdo pensar que el colombiano consiguió que se mirara a Cuba con otros ojos.

Cuba es una nación de gente joven. Lo delataban las imágenes del concierto. Son jóvenes que, a simple vista, se parecen a los jóvenes en cualquier parte del mundo. Yo no sé cuántos de ellos fueron al concierto por curiosidad; cuántos acudieron a gritar consignas de libertad; cuántos fueron obligados a defender los logros de la revolución. Pero uno tiene la impresión de que muchos están hartos de los discursos marrulleros, anacrónicos y manipuladores a ambos lados del Estrecho. La tragedia, sin embargo, no es confirmar que el gobierno de la isla seguirá ofreciendo los mismos argumentos, sino que Miami no les dé buenos ejemplos. Las dos orillas se parecen demasiado. Con un agravante: el concierto colocó a Miami en el lado oscuro de la historia.

Uno lee noticias como la que publicó 'El Nuevo Herald' sobre las negociaciones de última hora de algunos artistas cubanos de Miami para cantar en La Habana, y no puede menos que perderles el respeto a personas que, por lo demás, son admirables en lo artístico. Hay mucho de jugada, de crearse una imagen de tolerancia, de guardar las apareciencias. O sea, mucho bla bla bla y poca acción. Si estos son los futuros líderes de Cuba, ¿cómo culpar a los jóvenes de la isla por seguir lo malo por conocido que lo bueno por conocer? Eso explicaría de paso que los que hemos vivido durante años en Miami escuchando el cuento sobre lo terrible del gobierno de Castro se nos haya endurecido el pellejo. A veces cuesta trabajo simpatizar con una causa que trata de convencer a gritos.

Los cubanos tienen mucha razón cuando dicen que los problemas de Cuba sólo pueden ser resueltos por los cubanos. Pero no está demás contar con la solidaridad de otras comunidades. Para conseguirlo habría que comenzar por actuar como líderes. Juanes, un mero escribidor de canciones, nos dio un ejemplo a tomar en cuenta. Algunos cubanos lo llamarán ingenuo; el mundo ha comenzado a mirarlo como un líder. Su comportamiento en el concierto, para no hablar de la plata que puso para producirlo, habla con elocuencia. (Por cierto, en términos de producción, ya no digamos de impacto, el concierto mostró el ingenio y buen gusto de los organizadores. Histórico es palabra manoseada, pero este concierto la redefine.)

Si el gobierno de la isla no permitió que artistas cubanos de Miami cantaran en la isla (¿acaso esperaban lo contrario?), les toca a esos artistas hacer las gestiones para que el gobierno de Estados Unidos permita la entrada en este país a artistas cubanos identificados abiertamente con el gobierno de la isla. Willy Chirino, Gloria Estefan, Albita Rodríguez, Paquito D'Rivera y Arturo Sandoval darían un mejor ejemplo si se organizan para gestionar visados y organizar un concierto en Miami que permita superar la espantosa imagen de una Cuba de allá y una Cuba de acá. Nunca Juanes ha estado más claro cuando habla de «una sola familia cubana».

Mi amigo y mentor, el escritor Andrés Reynaldo, escribió en una ocasión: «Nadie es libre frente al dolor del prójimo». ¡Cuánta razón tiene! Cuba se merece una mejor canción.

Eliseo Cardona es crítico musical en Miami (Estados Unidos) y es creador del blog BlueMonk Moods.

 
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